Paquete de la semana: Carteristas... y su público
Como vaticinando lo que iba a ocurrir, ya en el anterior "Paquete de la semana" comenté que el transporte público de Madrid está lleno de carteristas.
A mi ya me robaron una vez, una cartera que estaba dentro de un bolsillo de chaqueta cerrado con cremallera, la chaqueta recogida en mis brazos, a mi vista. Me pareció imposible que alguien lograra robarme, y siempre quise saber cómo lo hicieron. El miércoles pasado mis deseos se vieron recompensados con una "actuación" en directo.
Se trataba de una pareja de jóvenes mochileros extranjeros, subieron en la estación de Pacífico de la línea 6 y yo me encontraba ya dentro puesto que subí en Méndez Álvaro.
Nada más entrar noté algo raro, tres tipos en la puerta les dificultaron el movimiento, como si el vagón estuviera atestado de gente, pero la realidad es que no iba tan lleno como para no apartarse un poco al lado y permitirles el paso.
Cuando por fin consiguieron entrar, las puertas se cerraron y dos de los tres "sospechosos" se pegaron a ellas, de espaldas a la gente, vaya, esta gente realmente tiene un problema con los espacios, pensé. El caso es que la chica debió de notar también lo extraño de la situación porque acto seguido echó mano de su bolso y comprobó que no tenía el monedero.
Al grito de "police, police" su acompañante se encaró con el tercer tipo que tapaba la acción de sus compinches. Unos instantes después la cartera de la chica apareció a sus pies pero sin un euro encima.
Pocos segundos después llegamos a Conde de Casal y los carteristas, seguros de su impunidad, se bajaron tranquilamente, sin prisas, sin huidas.
Los jóvenes se bajaron tras ellos y por unos segundos el rumor "police, police" siguió escuchándose en la lejanía.
Puertas que se cierrran y rumores de viajeros, uno que se decide a hablar en voz alta "desde que entraron sabía lo que estaba pasando", "gentuza", "pobres". En Sáinz de Baranda ya iba todo el mundo a lo suyo.
La realidad es que nadie hizo nada. Yo no hice nada. ¿Cobardía? No. Realmente no hubiera podido hacer nada solo contra tres tíos enormes, sin demostrados escrúpulos. ¿Indiferencia? Sí. Podía haber hecho de traductor para los chicos, o bajarme para prestarles mi móvil, hasta darles unas palabras de apoyo.
Por eso, el Paquete de esta semana pasada fue a parar a los carteristas, sí, pero también a los tristes espectadores que asistimos a su función.
A mi ya me robaron una vez, una cartera que estaba dentro de un bolsillo de chaqueta cerrado con cremallera, la chaqueta recogida en mis brazos, a mi vista. Me pareció imposible que alguien lograra robarme, y siempre quise saber cómo lo hicieron. El miércoles pasado mis deseos se vieron recompensados con una "actuación" en directo.
Se trataba de una pareja de jóvenes mochileros extranjeros, subieron en la estación de Pacífico de la línea 6 y yo me encontraba ya dentro puesto que subí en Méndez Álvaro.
Nada más entrar noté algo raro, tres tipos en la puerta les dificultaron el movimiento, como si el vagón estuviera atestado de gente, pero la realidad es que no iba tan lleno como para no apartarse un poco al lado y permitirles el paso.
Cuando por fin consiguieron entrar, las puertas se cerraron y dos de los tres "sospechosos" se pegaron a ellas, de espaldas a la gente, vaya, esta gente realmente tiene un problema con los espacios, pensé. El caso es que la chica debió de notar también lo extraño de la situación porque acto seguido echó mano de su bolso y comprobó que no tenía el monedero.
Al grito de "police, police" su acompañante se encaró con el tercer tipo que tapaba la acción de sus compinches. Unos instantes después la cartera de la chica apareció a sus pies pero sin un euro encima.
Pocos segundos después llegamos a Conde de Casal y los carteristas, seguros de su impunidad, se bajaron tranquilamente, sin prisas, sin huidas.
Los jóvenes se bajaron tras ellos y por unos segundos el rumor "police, police" siguió escuchándose en la lejanía.
Puertas que se cierrran y rumores de viajeros, uno que se decide a hablar en voz alta "desde que entraron sabía lo que estaba pasando", "gentuza", "pobres". En Sáinz de Baranda ya iba todo el mundo a lo suyo.
La realidad es que nadie hizo nada. Yo no hice nada. ¿Cobardía? No. Realmente no hubiera podido hacer nada solo contra tres tíos enormes, sin demostrados escrúpulos. ¿Indiferencia? Sí. Podía haber hecho de traductor para los chicos, o bajarme para prestarles mi móvil, hasta darles unas palabras de apoyo.
Por eso, el Paquete de esta semana pasada fue a parar a los carteristas, sí, pero también a los tristes espectadores que asistimos a su función.







abrazos!! ;-D
Buen paquete, paqueste :P
Esque eres tu el autentico paquete :D
Ay mi madre, y como esta mil his orias; mientras tanto a hacer lo ue se pueda y a evitar a los paquetes de turno poniendo nos tres candados en la mochila; y a evitar s er unos paquetes estando un poco mas pendient es de los demas, que eso tampoco estaría nada mal, que no???
un bechi majo!